Lo que aprendí mientras jugaba

empty-swing-3647300_1920Cuando yo era niño jugaba a ministros contra ladrones, a marro, al burro, al futbol, etc. En cambio, ahora  los niños juegan con el móvil, a video juegos, al ordenador. Estas tecnologías antes no estaban inventadas.

En la época de mi niñez, me acuerdo que cuando salíamos del colegio, unos amigos y yo, nos íbamos a la calle Royo de Zaragoza, a jugar a hacer carreras simuladas ciclistas, con chapas de refrescos.

Construíamos con clarión en el suelo de la calle una especie de etapas, para ver quién llegaba a la meta primero con su chapa (pues en la calle Royo, entonces, no pasaban coches). Estábamos tranquilos jugando a las carreras simuladas, de ciclistas con nuestras chapas.

Lo que aprendí con esto fue la amistad que manteníamos, lo bien que nos llevábamos todos los que jugábamos.

Fernando Pérez

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Una historia de amistad

theater-432045_1920.jpgEn 1984 conocí a un señor que tenía un quiosco en el entorno del Teatro Fleta de Zaragoza. Yo vivía en la calle de al lado y me hice tan amigo de esta persona, que me ofrecí a ayudarle.

Por aquel entonces, yo me tomaba una medicación después de cenar que me hacía dormir muchas horas, hasta bien entrada la mañana del día siguiente. Y cuando me despertaba, dejaba a mi madre y bajaba al teatro.

Yo le pedía a mi amigo que se encargara de hacer mi compra de comida en el mercado, y a cambio yo me quedaba en el puesto de periódicos.

Después de comer, volvía a bajar y, ya por las tardes, ofrecíamos palomitas, almendras, cacahuetes, chocolatinas, y otros dulces a los espectadores.

En el  Fleta  había tres sesiones: a las cinco, a las siete y a las nueve de la noche. Nosotros nos quedábamos  hasta las nueve, que es cuando recogía todo el tenderete.

Me acuerdo que él me llevaba 15 años y yo le llevaba 15 años a su hijo. Sus hijos, por cierto, venían a visitarle los sábados y domingos.

Mantuvimos esta estrecha relación hasta el año 1995, cuando se jubiló.

Fernando