Todo llega

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¡Todo llega!… y si todo llega, ¿por qué impacientarnos? Así podríamos dar el punto de salida a nuestro escrito.

¿Somos pacientes o impacientes? Depende de los resultados, o de nuestras experiencias; si recibimos el premio de la espera o, por el contrario, nunca llega… También puede depender de si estamos por la labor de esperar, del entorno que nos rodea en ese instante; en resumidas cuentas, de las sensaciones buenas o malas que nos trasmita la situación.

 Hay cosas obvias. Por qué impacientarnos por la llegada, por ejemplo, de un autobús de línea, si sabemos, a ciencia cierta, que tarde o temprano llegará. Si la situación está enmarañada con las prisas, seguro que perderemos fácilmente e inútilmente la paciencia.

Sin embargo, cuando nos referimos a cosas más abstractas, como aguantar situaciones de estrés, la paciencia más bien se puede convertir en un acto de fe. Por ello, hay que ser pacientes sí o sí, porque todo llega, y si no lo hace, no podemos hacer nada…

Pedro

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