Decir adiós

mural-1331783_1920.jpgPara mí, las peores despedidas que he tenido han sido esas en las que se produce el último abrazo sin saberlo; el último beso sin saberlo; el último “hasta luego” sin saberlo.

La despedida más larga es aquella que no se asume, la que deja un hueco profundo en lo más hondo del corazón.

Ojalá todo fuera tan sencillo como decir adiós, o tan práctico como cerrar una puerta. Sin embargo, saber por un instante que algo se va para siempre es difícil de digerir.

Afortunadamente, tenemos en el tiempo nuestra mejor medicina. El tiempo puede hacer que algo que, en su día, fue tan traumático, ahora tenga otro color. He de reconocer que algunas despedidas las tengo todavía presentes y, por suerte o por desgracia, en mi corazón siempre estarán.

En definitiva, las despedidas dejan un surco profundo en nuestras almas pero, como suele decirse, con acierto, mientras mantengamos en nuestro recuerdo a las personas que ya no están con nosotros, estas nunca morirán.

Pedro

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