Los fines de semana

Llega el lunes, y toca madrugar. La semana se vislumbra larga, los amaneceres, según la época del año, son más tempranos. Llega la hora de encender máquinas, contactar  con compañeros, dialogar sobre los distintos aspectos del trabajo, o porqué no decirlo, de vez en cuando siempre queda tiempo para las historias de la cotidiana vida.

Así llega el viernes, y llega el fin de semana. Viernes tarde, sábado…domingo. Para cualquier ser mortal, y para todo aquel que tenga el privilegio de tenerlos libres, son días de alegría y diversión.

Sin embargo, mi caso es paradójicamente algo distinto. Cómo diría  mi sargento cuando me pillaba los lunes: “los lunes  vienes con la caraja…”, y es que estos días están llenos de reflexión. Están llenos de momentos vacíos, demasiados instantes parados.

Me entra la morriña  de viajes realizados, de pequeños momentos que echo de menos. De falta de comunicación con los seres queridos. Ahora me doy cuenta que tengo que intentar acercar el verdadero significado de un fin de semana a mi vida.

He de reinventar algo para que  mis neuronas no entren en letargo. No tengo que empezar de menos diez los lunes. Sé que puedo y debo hacerlo. Ahora es el momento, y está bien haber empezado por reconocer que hasta hoy los fines de semana no eran una meta, sino más bien una rémora. Como he vuelto a tener la ilusión porque llegue una vacación, bien haré por querer que llegue el fin de semana.

  PEDRO.

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